La Armada avanza en las pruebas de propulsión del Juan Carlos I en Rota
El buque anfibio portaaeronaves Juan Carlos I de la Armada española se encuentra en una fase avanzada de pruebas de propulsión desde su atraque. Estas verificaciones forman parte del proceso de modernización y sustitución de su sistema propulsor, desarrollado en el astillero de Navantia Puerto Real. Tras esta etapa en puerto, la planificación prevé un periodo de pruebas en mar abierto antes de recuperar plenamente su actividad operativa.
El buque insignia de la Armada en fase de validación técnica
El Juan Carlos I, buque insignia de la Armada y unidad principal del Grupo Anfibio y de Proyección de la Flota, ha completado recientemente una de las intervenciones de mantenimiento y modernización más relevantes desde su entrega en 2010. La actuación se ha desarrollado en el astillero de Navantia en Puerto Real, con un periodo de inmovilización en dique seco que se ha prolongado alrededor de cuatro meses y que ha movilizado a varios centenares de profesionales y decenas de empresas especializadas.
La unidad, de 231 metros de eslora, combina capacidades de portaeronaves y buque de asalto anfibio, con cubierta de vuelo y dique inundable para operar con una amplia variedad de aeronaves y medios de desembarco.
Renovación de la planta propulsora y trabajos en dique
El núcleo de la modernización ha sido la sustitución integral del sistema de propulsión, con la instalación de equipos de nueva generación.
En paralelo, se ha desarrollado un amplio programa de trabajos de varada sobre casco, superestructura y equipos externos, con revisión de hélices transversales, estabilizadores, anclas y cadenas, así como la renovación de ánodos, sistemas de protección catódica y dispositivos antiincrustantes.
Pruebas de propulsión en atraque
Con el buque ya de nuevo a flote, la Armada y Navantia han iniciado una fase intensiva de pruebas de propulsión y verificación de sistemas desde el atraque. Este tipo de ensayos, encuadrados en las denominadas pruebas de aceptación en puerto, permiten comprobar el funcionamiento de la planta eléctrica, y el comportamiento de la automatización de máquinas sin necesidad de abandonar el muelle.
En la práctica se ensayan arranques y paradas de generadores, escalones de carga sobre la red de a bordo, transferencias de suministro, órdenes desde el puente a los propulsores y test de enclavamientos y protecciones, siempre con márgenes de seguridad que limitan el empuje efectivo sobre las amarras. La secuencia incluye comprobaciones de alarmas, modos de control desde los distintos puestos de gobierno y simulación de fallos para validar los procedimientos de respuesta que seguirán las dotaciones durante la vida operativa del buque.
Un proceso habitual antes de las pruebas de mar
Las pruebas de propulsión en atraque constituyen un paso intermedio estándar entre los trabajos en dique y las pruebas de mar, tanto en programas de nueva construcción como en grandes modernizaciones. Permiten detectar y corregir incidencias de ajuste, cableado, software o integración de sistemas en un entorno controlado, reduciendo riesgos y optimizando el tiempo de navegación dedicado posteriormente a la validación de prestaciones.
Una vez completada esta campaña en puerto, el Juan Carlos I afrontará un periodo de pruebas de mar para comprobar velocidad, consumo, vibraciones, maniobrabilidad y comportamiento de la planta propulsora a diferentes regímenes y condiciones. Esta fase en mar abierto será la que marque la transición desde el estado de inmovilización y pruebas técnicas hacia la plena reincorporación del buque al calendario operativo de la Armada, con el objetivo de prolongar su vida útil en primera línea durante los próximos años.
Con la finalización de las pruebas en atraque y el posterior ciclo de pruebas de mar, la Armada aspira a disponer de un buque con una propulsión más eficiente, fiable y preparada para integrarse en futuras agrupaciones navales nacionales y aliadas.
